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Montserrat Carulla, la abuela de Catalunya

“Mi independentismo no va en contra de nadie. Admiro la lengua y la cultura del pueblo español. La quiero a mi lado, como amiga, en libertad”. Así de sincera se mostraba ayer la abuela más querida de Catalunya. “Soy Montserrat Carulla, actriz, catalana e independentista”. Desde una aparente fragilidad, la artista llenaba el Barcelona Teatre Musical con el timbre dulce de una voz llena de rotundidad y contundencia. La platea, en pie, la aplaudió en reconocimiento a una trayectoria escenográfica vertiginosa, pero también por la elegancia de una vida coherente, comprometida y luchadora.

Hace unos años me recibió en su casa con motivo de una entrevista para la revista Canvi Setze. Era la primera ‘gran’ entrevista que hacía para aquella publicación: cuatro páginas y mención en la portada. El nerviosismo estaba servido. Ella, antes de entrar en materia, me hizo una visita guiada por su casa. La recuerdo elegante, clásica, con una brizna de luz que entraba desde el patio e iluminaba la sala. Me preparó un café mientras se preocupaba por mi puesto de trabajo y me trató con ternura. Los nervios desaparecieron. Quizás es por eso —y por su entrañable papel en el Cor de la Ciutat como ‘la Teresa’, la abuela de Narcís— que siempre la he creído merecedora de la apelación de “abuela de Catalunya”.

Un instant previ a l'entrevista a la llar de 'La Carulla'

Un instante previo a la entrevista en la casa de ‘La Carulla’. Firma: Joan Herrera

Recuerdo que en aquella conversación me confesó que le habían llamado de la NBC Universal para ofrecerle un papel con Anthony Hopkin’s y Benicio del Toro, justo después de su aparición en El Orfanato, de Bayona. Al final, los rechazó por falta de tiempo. Una vez publicada la entrevista me llamó para decirme lo mucho que le había gustado. Había comprado un montón de ejemplares de la revista. Pero tenía una inquietud: creía que, quizá, había quedado “presumida” por hablar de unos papeles tan internacionales que, finalmente, nunca había hecho. Un ejemplo de modestia de una mujer que detesta la “falsa modestia”, como dejó claro ayer en referencia a su trayectoria: “No tengo ningún pudor en decirme: muy bien, Carulla. Lo volverías a repetir”. Sus papeles en Romeo y Julieta; en la versión de Pigmalión de Joan Oliver, de Bernard Shaw; y la Filla del Mar de Àngel Guimerà, le dan la razón.

Bajando el telón de su vida artística, ayer, ante sus compañeros, la Carulla recuperó algunos conceptos que me parecen vitales en el momento político y social que vive el país. Por un lado habló de justicia social. Es indispensable que cualquier proceso nacional nazca desde la voluntad de construir un país más justo, más transparente, más democrático y menos corrupto. Y, por el otro, habló de independentismo huyendo de las confrontaciones con el estado español. Carulla, como muchos catalanes, “admira” la cultura del pueblo español, la de poetas como Machado o García Lorca. Pero esta estima va en paralelo a los legítimos anhelos de libertad de Catalunya. Será indispensable que la cultura juegue un papel clave en la transformación social y nacional que necesita el país.

Todavía hay muchas abuelas como la Carulla en Catalunya. Desgraciadamente, como suele decir Andreu Buenafuente, presentador ayer de los Gaudí: “la vida es un mal guión donde, al final, te mueres”. Y sí… Es ley de vida. Cada vez habrá menos testigos directos de la crudeza de los años oscuros de la Guerra Civil y la dictadura. El record és un pont al passat (Ara Llibres), como explica el título de su libro de memorias. Hay que combatir el olvido. Hay que tener presentes a todas estas abuelas, incansables trabajadoras, que ayer, de alguna manera, subían al escenario con Montserrat Carulla a recoger la estima del público. A todas ellas, gracias por enseñarnos a amar con tanta generosidad.

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