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Desmemoria histórica

En el año 2008, el programa 59 Segundos de TVE, entonces conducido por la incisiva periodista Ana Pastor, reunió a Manuel Fraga Iribarne y a Santiago Carrillo en el mismo plató. El cara a cara entre el ministro de Franco y el líder comunista eclipsó a los otros dos invitados, Iñaki Anasagasti y Rodríguez Ibarra, y dejó declaraciones que retratan perfectamente las dos Españas y las mentalidades antagónicas que representan. Con motivo de la muerte de Fraga, el canal 24h de la televisión pública española ha vuelto a emitir ese revelador programa. Recomendable para toda la familia, sobre todo en el minuto 1.05 del vídeo.

Fraga era hasta ahora el enlace más claro entre el PP y el franquismo. El pasado irremediablemente manchado sangre de su figura ubican a Fraga en el extremo más oscuro de su partido, que él mismo fundó. Las penas de muerte firmadas bajo su pasividad y posterior justificación, las brutales represiones de los manifestantes (caso Gasteiz) o sus habituales tics autoritarios hacen que cueste aceptar que este personaje se haya ido impune, sin pisar un tribunal. Si rascamos un poco la hemeroteca, hay demasiadas declaraciones que provocan dolor de estómago: “A cierta gente, yo no la fusilaba. Se la debería colgar por los cojones”.

Este es, también, Manuel Fraga. Un hombre contundente en las formas e irreductible en sus pensamientos. Que nunca renegó de haber formado parte del Régimen. El mismo que si le hablaban del pasado, de memoria histórica o de dignidad y justicia de las víctimas del franquismo siempre pasaba lo mismo: o bien echaba al periodista o bien decía que debíamos mirar al futuro y olvidar el pasado.

Es precisamente el camino del olvido lo que siempre ha pregonado la derecha española. Amparados en una transición coja y en un pacto constitucional incompleto, y que hoy resulta profundamente indecente que no se haya revisado, el Partido Popular siempre ha apostado por acusar de remover heridas a todo aquel que quería, precisamente, curarlas. España tendría una derecha mucho más moderna, europea y civilizada si, más allá de haber escenificado una ruptura real con el franquismo –algo que todavía no ha pasado- hubiese liderado, o al menos respetado, un proceso de reparación de los daños de una dictadura militar que parecen haber olvidado.

No me puede sorprender, ni siquiera molestar, que un hombre como Fraga, con unas vivencias y unas convicciones enquistadas en todos y cada uno de los cromosomas de su ADN, nunca hiciera una rectificación expresa de su vinculación con el Régimen. Lo que me parece insultante es que no lo haya hecho todavía el partido que hoy gobierna España y que estos días tengamos que oír alabanzas a un miembro de ese Estado impuesto. Precisamente el PP, que se ha colgado todas las medallas del mundo en la persecución del terrorismo de ETA, debería condenar los 40 años de terrorismo de Estado del que son y serán cómplices hasta que no digan lo contrario.

Fraga, por más que nos lo vendan como el salvador de la patria, puede ser ejemplo de muchas cosas, pero no de democracia. Y mucho menos de libertad. Si nos quieren dar ejemplos de libertad, hay donde elegir: Miguel Nuñez, García Lorca, Lluís Companys, Salvador Puig Antich … La lista es larga. La democracia y la libertad, hoy patrimonio de todos, se las tenemos que dedicar a ellos y a los miles de personas anónimas que vivieron la crudeza de la dictadura. Héroes silenciosos que hoy ya no están y que sus viudas, hijos y nietos recuerdan. Faltan héroes en las instituciones y sobra mucha pólvora en las paredes de la ciudad.

Artículo publicado en Eldebat.cat -ver aquí- a raíz de la muerte de Manuel Fraga. La Asociación Catalana de Ex-presos políticos también publicó el artículo, previa petición, para su boletín mensual -ver aquí-.

Enlace permanente a este artículo: http://www.jordimolina.com/es/leonor-la-reina/