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Respetar la diferencia

Uno de los reporteros más leídos en las facultades de periodismo es el polaco Ryszard Kapuscinski, que se pasó media vida haciendo crónicas en todo el mundo, a menudo en terreno hostil. Él decía que “el encuentro con el otro, con seres humanos diferentes, constituye desde siempre la experiencia fundamental y universal de nuestra especie”.

 

Sin embargo, el tratamiento informativo de la multiculturalidad es uno de los temas pendientes y, seguramente, uno de los retos más exigentes del periodismo. Comunicar la diferencia es un proceso complicado que requiere la voluntad de interacción y, especialmente, la superación de perjuicios y estereotipos. Como explica la mediadora intercultural, Aura Trifu, “indicar la nacionalidad o el color en la delincuencia cuando se publica una noticia provoca desconfianza en la gente, en cambio destacar las cualidades positivas de las personas o dar conocimiento sobre lo que une las diferentes culturas, facilita la interacción “.

 

Sin ir más lejos, en Barcelona es más habitual oír hablar de “inmigrantes” que de “personas”, así como de “guetos”, en lugar de “barrios empobrecidos”. Toda una serie de hábitos periodísticos que, a veces por la falta de tiempo en las redacciones u, otras, por desconocimiento, no contribuyen a generar espacios de reflexión positiva y de entendimiento entre vecinos y provocan rechazo o confusión ante la diferencia en la sociedad receptora.

 

De hecho, es el miedo el que nos pide la construcción de estereotipos, como explica el antropólogo Rafael Crespo, que este mes ha hablado con el diario en el espacio de la entrevista. Con los estereotipos, sin embargo, estamos haciendo un ejercicio de simplificación de una realidad inmensamente diversa. África negra, por ejemplo, es el continente más rico, más heterogéneo y más enigmático que hay, pero sin embargo a menudo nos referimos como si fuera un país homogéneo. Y los medios de comunicación debemos tratar de no caer en este tipo de trampas.

 

A pequeña escala, en nuestro barrio tenemos un gran reto y una gran responsabilidad, por lo menos el diario así lo entiende. A menudo escuchamos pedir integración. Y, en realidad, lo que muchas veces estamos haciendo es pedir que otras personas renuncien a ser como son. Y aunque el color de piel y el origen hayan cambiado, Cataluña ya ha vivido fenómenos migratorios en los años 30, con la ola de murcianos, y en los años 70, con andaluces. Y también entonces hubo sectores que mostraron un rechazo inicial que, a día de hoy, podemos decir que no era necesario. Hoy por hoy, en Barcelona hay 176 nacionalidades y ni la marroquí, ni la paquistaní, ni la rumana, ni la boliviana son las punteras. Lo es la italiana y no parece que nadie sufra por una invasión inminente de italianos. Como decía el geógrafo e historiador griego, Heródoto, unos cuantos años antes de Cristo: “tenemos vecinos y ellos, a su vez, también tienen y, juntos, formamos el mismo planeta”.

Instantanea del fotógrafo y mejor amigo, Joan Herrera, en uno de los muchos Primeros de Mayo que hemos compartido.

Artículo publicado como Editorial en el diairo Zona Sec -ver aquí-

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