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“He de dar más explicaciones que cualquier otra persona”

Entrevista a Ammad Hussain, catalán de origen paquistan

molina_jordi / Barcelona. El día en el que los medios lo llamen para hablar de cualquier tema que no tenga nada que ver con el hecho migratorio, la Ammad Hussain (Rawalpindi, 1985) habrá conseguido su objetivo: normalizar su catalanidad. Sin quererlo, se ha convertido en un experto sobre el tratamiento informativo de la diversidad cultural en los medios de comunicación. Hablamos con él en la calle Blai, tras compartir una tarde en el Seminario ‘Qué hacemos por la diversidad en los medios?’, organizado por la Mesa Intercultural del Secretariado de Sants, Hostafrancs y la Bordeta.

Una de las conclusiones del Seminario es la creación de estereotipos y creencias negativas de los medios sobre la diversidad cultural…
A menudo escuchamos informaciones negativas o malintencionadas del hecho migratorio. Se relaciona constantemente inmigración con delincuencia. La vinculación de nuestra realidad con el conflicto genera y legitima discursos discriminadores y polarizadores. Una noticia que relaciona un aspecto causal con el origen de una comunidad está contribuyendo a estigmatizarla. Los medios están sembrando semillas que, con el tiempo, pueden generar conflictos.

¿El estereotipo es, en el fondo, una fórmula de control?
Los medios generan discursos que simplifican algunas informaciones sobre realidades complejas. Para simplificarlas, se crean estereotipos. Por ejemplo, reducir el islam a una religión fanática me ha llevado en muchos casos a que se me cuelgue la etiqueta de opresor de mujeres. Incluso he tenido que dar explicaciones en contra de la explotación infantil. La imagen que los medios perpetúan sobre el Islam es la de un colectivo resistente al cambio y ciertamente peligroso.

Y no es así…
No. La equiparación del Islam con una religión radical sirve para reforzar dicotomías como “ellos y nosotros” o “civilizados y bárbaros”. Sinceramente, yo he conocido el velo como símbolo del Islam porque aquí me lo han explicado. De pequeño, antes de venir a Catalunya, prácticamente no los había visto en mi país. ¡Y estuve allí ocho años! Y sí, es cierto que he aprendido cosas de mi país que ignoraba, pero a menudo son excepciones que se toman como verdades absolutas. Lo que pasa es que tenemos formas de vida muy diferentes. Nosotros hacemos mucha vida en el interior del hogar, pero es un hecho cultural, igual hay otras culturas que tienen la costumbre de hacer más vida en la calle. Recuerdo mi infancia en Pakistán rodeado con mujeres cultas e inquietas, con la única diferencia que allí se reúnan en casa para hacer charlas.

¿Qué tenemos en común paquistaníes y catalanes?
Compartimos muchas similitudes. Los pakistaníes, como los catalanes, somos una sociedad muy trabajadora y comprometida con el trabajo. Y tenemos un concepto similar sobre la importancia de la familia y, paradójicamente a la imagen que predomina sobre nosotros, las mujeres son muy respetadas.

¿Tienes la sensación de que los medios hablamos mucho de vosotros, pero sin vosotros?
Estamos poco representados en los medios. Sobre todo teniendo en cuenta el elevado porcentaje de población extranjera que hay en Catalunya y en el resto del estado. Es importante que los informadores incorporen como fuentes de información válidas los colectivos de minorías culturales. Que se acerquen a las asociaciones pero que, en cuestiones que marquen la agenda, hoy en día desahucios o independencia, se les pregunte a ciudadanos extranjeros. En caso contrario, estaremos fomentado la percepción de que las personas inmigradas tenemos pocas cosas que decir y que nuestra aportación es prescindible. Ninguna cultura va en contra de ninguna otra, todas se enriquecen.

¿Te has sentido alguna vez utilizado por medios de aquí?
En una ocasión TV3 me invitó al programa Els Matins para hablar sobre el Islam. No soy, en ningún caso, un especialista del tema, pero sí quería suavizar la imagen que predomina y explicar experiencias propias de cuando vivía en Pakistán. Una vez en el plató, me presentaron como un invitado que quería rebatir la tertuliana Pilar Rahola, a raíz de un artículo publicado por ella diario Avui que yo no compartía. Me utilizaron para que ella pudiera expresar sus ideas sobre Palestina. Yo no tenía nada que ver con los palestinos ni los israelíes, ni esperaba que el debate terminara teniendo un formato de ‘cara a cara’ que poco tenía que ver con el motivo por el que había acudido al programa.

¿Y en política? En época de elecciones algunos partidos buscan perfiles como el tuyo para presumir de sensibilidad social.
He tratado de no caer en esta trampa. No hay ningún partido que represente al cien por cien mi sensibilidad. Con el tiempo y como consecuencia de actuaciones que no me han gustado he ido perdiendo la confianza en algunas formaciones. Las personas de origen extranjero no siempre simpatizamos con los partidos que promocionen programas supuestamente ventajosos para nosotros. Lo que queremos es que se haga trabajo a pie de calle. Que se intervenga decididamente y en la calle para hacer una sociedad más justa.

¿Después de 20 años, crees que Catalunya se merece el apelativo de ‘tierra de acogida’?
No se puede negar que en Catalunya hay una voluntad de dar facilidades en beneficio de una buena convivencia. Hay iniciativas para la interculturalidad, mesas de debate, propuestas… El modelo catalán tiene una personalidad propia, pero en las localidades donde hay elevados índices de inmigración las reacciones hacia este fenómeno son más visibles. Los catalanes somos humanos y hay reacciones xenófobas como en todas partes. En el año 1993, era uno de los pocos niños inmigrantes de la escuela. Entonces, era más fácil ser uno más del grupo. Ahora esto es más difícil.

¿Por qué?
He de dar más explicaciones que cualquier otra persona. Me he escolarizado aquí, hablo el catalán casi mejor que mi propia lengua, pero todavía hay quién se esconde la cartera cuando me ve en el metro. Pero si critico los medios que caen en generalizaciones, yo no puedo hacer lo mismo. Estoy contento de haber aterrizado en Barcelona. Y cuando me relaciono, consigo derribar la primera percepción que tienen de mí. Me gusta la ciudad, su geografía y su diversidad. Modelos de inclusión social como el francés o el británico tienen mucho que aprender del nuestro. Pero aún tenemos un largo camino por recorrer. Se trata de que lo hagamos juntos.

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